miércoles, 25 de abril de 2012

Cuando todo un país se convierte en Schindler: el caso de los judíos daneses

 

Todos conocemos el gran ejemplo del industrial alemán Oskar Schindler, inmortalizado magistralmente por Steven Spielberg en el cine, que salvó a miles de judíos de las cámaras de gas o el caso del embajador español Ángel Sanz Briz en Budapest, donde contribuyó a salvar la vida de más 5.000 judíos proporcionándoles pasaportes españoles falsos.
Pero si hay un caso realmente sorprendente en la historia del Holocausto de los judíos en la II Guerra Mundial es el del pueblo danés que ayudó heroicamente a salvar la vida a prácticamente toda su población judía (más de 7.000 personas por entonces).

La Invasión de Dinamarca por Alemania fue parte de la Operación Weserübung ejecutada el 9 de abril de 1940, cuando los alemanes cruzaron la frontera danesa violando su neutralidad. Para evitar un inútil derramamiento de sangre, el gobierno danés se rindió casi inmediatamente, y como recompensa se les respetó su autonomía. Inicialmente existió un trato amable de Alemania al pueblo danés durante los primeros años de la ocupación militar, lo cual se puede explicar basándose en la ideología de la superioridad nórdica. Debido a esta situación Dinamarca fue considerada un “protectorado modelo” por Hitler, al punto que se permitió al Parlamento danés seguir funcionando y se mantuvo en libertad al rey Cristian X, aunque los nazis impusieron censura de prensa y controlaban cada aspecto de la vida política y económica del país.

Todo ello hasta que los continuos ataques de la resistencia danesa en el verano del 42 hicieron cambiar la actitud de los alemanes que inician una dura represión que obliga al Gobierno danés a dimitir en pleno en agosto de 1943, asumiendo entonces los nazis el control absoluto del país. Es en ese momento cuando el mismo Hitler decide iniciar la deportación también en Dinamarca y ordena a las SS el arresto de todos los judíos del país en una redada que se llevará a cabo el 1 y 2 de octubre de 1943.

Pero el diplomático alemán Georg Ferdinand Duckwitz advierte secretamente a la resistencia danesa de este hecho el 28 de septiembre. Los daneses respondieron rápidamente organizando una campaña nacional para sacar de contrabando a los judíos por mar rumbo a Suecia, que era un país neutral. Advertidos sobre los planes alemanes, los judíos comenzaron a irse de Copenhague, donde vivía la mayoría de los casi 8.000 judíos de Dinamarca, y de otras ciudades, en tren, automóvil y a pie. El pueblo danés les dio cobijo en sus casas, hospitales e iglesias.
Entonces, en un período de dos semanas, los pescadores ayudaron a trasladar en barco a unos 7.200 judíos daneses y a 680 familiares no judíos a un lugar seguro a través del angosto cuerpo de agua que separa Dinamarca de Suecia. Así, en la redada de las SS en Copenhague y otras grandes ciudades apenas pudieron arrestar a 500 judíos que fueron deportados al ghetto de Theresienstadt en Checoslovaquia.

Gracias a la valerosa actitud del pueblo danés pudieron salvar la vida de prácticamente todos sus vecinos judíos. En un hecho sin precedentes en los países ocupados por los nazis durante la II Guerra Mundial, en Dinamarca sobrevivió el 99% de la población judía. En el guetto de Theresienstadt tan sólo murieron 51 judíos daneses, la mayoría de avanzada edad. Un ejemplo de como todo un pueblo unido puede hacer frente a la barbarie.

escrito por Javier Domingo para el blog Mr. Domingo.

domingo, 1 de abril de 2012

Bach en Stalingrado


Durante la Nochevieja, la disciplina en el revitalizado 62 Ejército se relajó y, a lo largo de la orilla, los oficiales soviéticos de elevada graduación organizaron una serie de reuniones en honor de los actores, músicos y bailarinas que visitaban Stalingrado para entretener a las tropas. Uno de estos artistas, el violinista Boris Goldstein, se alejó y se dirigió a las trincheras para llevar a cabo otro de sus conciertos de solista para los soldados.

En toda la guerra, Goldstein nunca había visto un campo de batalla parecido a Stalingrado: una ciudad tan terriblemente destruida por las bombas y la artillería, con montones de esqueletos de centenares de caballos descarnados por el hambriento enemigo. Y como siempre, también aquí se encontraban los siniestros policías de la NKVD rusa, que permanecían entre la línea del frente y el Volga, comprobando la documentación de los soldados y disparando contra los sospechosos de deserción.

El horrible campo de batalla conmovió a Goldstein y tocó como nunca lo había hecho antes, horas y horas, para: unos hombres que, obviamente, amaban su música. Y, aunque todas las obras alemanas habían sido prohibidas por el Gobierno soviético, Goldstein dudaba de que ningún comisario protestase durante aquella noche. Las melodías interpretadas por él fueron dirigidas mediante altavoces hacia las trincheras alemanas y, de repente, cesó el tiroteo. En el espectral silencio, la música surgía del inclinado arco de violín de Goldstein.

Cuando acabó, un gran silencio cayó sobre los soldados rusos. Desde otro altavoz, situado en territorio alemán, una voz rompió el hechizo.

En un vacilante ruso rogó:

- Toquen algo más de Bach. No dispararemos.

Goldstein volvió a tomar su violín y empezó a tocar una viva Gavotte de Bach.

(del libro Stalingrado de William Craig)